Toda una vida contemplando el Pilar desde los ventanales

Enfrente de la Basílica del Pilar se alza desde 1883 el edificio que alberga el Pasaje del Comercio y de la Industria, conocido popularmente por todos los zaragozanos como el Pasaje del Ciclón, una galería comercial, joya arquitectónica modernista, que se encuentra en la planta baja un edificio recuperado gracias al empeño de los descendientes de la…

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22 de abril de 2024
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Enfrente de la Basílica del Pilar se alza desde 1883 el edificio que alberga el Pasaje del Comercio y de la Industria, conocido popularmente por todos los zaragozanos como el Pasaje del Ciclón, una galería comercial, joya arquitectónica modernista, que se encuentra en la planta baja un edificio recuperado gracias al empeño de los descendientes de la familia que lo adquirió sobre plano hace ya más de 140 años y cuyo legado han convertido en un proyecto de vida.

En el nº 10 de la plaza del Pilar han vivido «desde siempre» Blanca Marín, al igual que su madre Blanca García-Hegard y sus hijos Jimena y Rodrigo de Miguel. Ellos son la quinta, sexta y séptima generación de los primeros propietarios del inmueble, construido tras la histórica apertura de la calle Alfonso I impulsada por la burguesía zaragozana a mediados del XIX. «El edificio lo compró sobre plano la madre de mi tatarabuelo, María Mur y Pueyo, y aquí ha vivido nuestra familia ininterrumpidamente desde entonces», explica Marín, que vive en la última planta, con unas vistas espectaculares a la Basílica del Pilar. El solar que ocupa el inmueble, obra del arquitecto Fernando de Yarza por encargo del Marqués de Ayerbe, se erigió sobre los cimientos del antiguo Palacio de Torrellas, del XV, «en cuyas mazmorras, las actuales bodegas, pasó sus últimas horas el Justicia de Aragón, Juan de Lanuza, antes de ser decapitado por orden de Felipe II el 20 de diciembre de 1591», comenta Marín.

El pasaje del Ciclón se inspiró en el revival clásico fruto de la corriente modernista francesa y se convirtió en un lugar de vanguardia, ya que fueron las primeras galerías comerciales de la capital aragonesa, al estilo de las que existían en las principales capitales europeas. Se concibió como un doble pasaje que se cruza en el centro de la manzana por lo que tiene cuatro entradas que dan a la calle Santiago, a Alfonso I, a la plaza de la actual Delegación del Gobierno y a la propia Plaza del Pilar. Debe su nombre popular a la juguetería que ocupó una parte de su interior y que fue uno de los últimos comercios de la época en cerrar sus puertas. Pero estel pasaje cayó en el ostracismo y llegó a estar durante muchos años en un avanzado estado de abandono y deterioro.

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